En la práctica jurídica, es común que estos conceptos no sean empleados correctamente y se utilicen de manera indistinta.

Por lo que en el presente artículo se explicarán las diferencias entre las figuras de: aval, fiador y obligado solidario.

Si bien es cierto, estas tres figuras tienen la misma finalidad, la de otorgar una garantía a un acreedor del cumplimiento de alguna obligación, no son idénticas.

En lo que cada una de ellas otorga la garantía de diversa manera y discrepan entre sí en su naturaleza jurídica. 

En primer lugar, tenemos al aval.

Al respecto vale la pena precisar que la forma correcta de llamarle a quien garantiza la obligación asumida es “avalista”.

Esta figura es de naturaleza mercantil, por lo que la Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito se desprende que:

Es el avalista quien garantiza todo o en parte el pago de un documento cambiario. 

En segundo lugar la figura de fiador.

Esta figura de naturaleza civil y por ende se encuentra regulada por el ordenamiento civil.

El fiador nace del contrato de fianza, siendo éste un contrato accesorio por el cual una persona se compromete con el acreedor a pagar por el deudor, si éste no lo hace.

Por lo que, el fiador se constituye como un deudor secundario o sustitutivo.

Para el caso en que el deudor principal no satisfaga la obligación asumida.

Por lo tanto, sólo en los casos en donde exista una fianza, emplear el concepto de fiador, sería lo correcto.  

Tercer lugar, tenemos al obligado solidario.

También denominado deudor solidario, es una figura de naturaliza civil.

Al respecto el Código Civil, en este caso del Estado de Nuevo León, determina que habrá solidaridad pasiva.

Cuando dos o más deudores reporten la obligación de presentar, cada uno de por sí, en su totalidad, la prestación debida.

En otras palabras, el obligado solidario, se solidariza con el deudor principal.

Para que el acreedor obtenga la facultad de exigir a cualquiera de las partes (deudor principal y/o obligado solidario) el cumplimiento de la obligación.

Es importante mencionar que la solidaridad no se presume, por lo que deberá resultar por disposición de Ley o bien, por la propia voluntad de las partes. 

Por último, es preciso señalar que, aunque estas figuras tienen el mismo fin, garantizar, estas no pueden ser empleadas en todos los casos indistintamente.

Es menester analizar cuál es la figura idónea para el negocio jurídico que se pretende.

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